TAN ANCHA COMO LARGA…(O MÁS) - Mª Victoria Liceras
Miércoles, 29 Noviembre 2006
En los últimos años observamos un alargamiento progresivo de las faldas de los trajes de valenciana hasta alcanzar límites irracionales.Podría ser un efecto pendular compensatorio de aquellos largos cercanos a la rodilla que existían en los años 50-60 (contemporáneos de la moda minifaldera) que mostraban piernas calzadas con medias blancas, casi desprovistas de adornos, y unos singulares pompones colocados sobre, los también, blancos zapatos que conjuntaban con cualquier tipo de traje.

De ahí, a “barrer” el suelo, la transformación es evidente; aunque ambas con efectos nefastos.
A todo ello se une un nuevo factor: el vuelo o anchura.
Hace unos años, para confeccionar una falda, y si se disponía de un tejido estrecho (aproximádamente 53 cm.), se utilizaban 5 o, como mucho, 6 “caídas”, que producían un vuelo total de 2,65 a 3,18 metros.
Si la tela era de 1,20 m. de anchura se ponían 2 ó 2 y media “caídas” que daban una anchura a la falda de 2,5 a 3 metros.
Actualmente se usan tejidos de 1,30 a 1,40 m. de anchos, y se confecciona con 3 “caídas”. O sea, el vuelo está entre 3,90 y 4,20 m.; y si se trata de telas estrechas 7 ó 8 con tal de conseguir un efecto parecido al anterior.
Este excesivo volumen oculta decoración y ornamentación en la pieza, y conlleva a pliegues y dobleces en los ligeros delantales superpuestos que de este modo se quedan en exhibición permanente.
Solución: poner debajo un cancán, ahuecador (o como quieran llamarle), absolutamente antinatural, con armazones, gomaespumas, aros y otros artilúgios, que separan la tela del cuerpo para favorecer su lucimiento y por tanto provocar un ensanchamiento desmesurado de cintura para abajo.
El vestido tiene que crecer en longitud para conseguir ese volumen, y si algo falla en el armazón interior, la falda consecuentemente se alarga, oculta zapatos y cualquier atisbo de garbo femenino, llegando a “barrer” el suelo.
Se habla de trajes del siglo XVIII. ¡Nada más lejano!… si fué precisamente en esa época cuando por primera vez en la historia del vestido femenino la mujer enseñó su pie, y las faldas, airosas, conseguian movimiento gracias a la superposición de piezas bajeras (enagüas y sayas) que conseguían “silueta de campana”; convertida hoy en auténtico “globo”, estático, en ocasiones más ancho que largo.

Ni histórica, ni tradicional, ni estéticamente se debe admitir semejante alteración; a no ser que se pretenda vender más metros de tela o pasar a la historia como creador y original….eso sí, a costa de algo que hemos legado que se debería quedar inamovible. Documentos gráficos demostrativos no faltan.


