FALLAS INFANTILES…¿INFANTILES? - Vicente Francisco Lorenzo Albert
Viernes, 19 Enero 2007Si nos sentamos a debatir sobre fallas (monumento), no podremos arrancar sin antes
focalizar nuestro interés sobre algún aspecto concreto de éstas (grandiosidad, guión, riesgo,…). Pero al hablar de fallas infantiles, la mecha del debate se enciende al pasar sobre el propio apellido de éstas.
¿Qué se suele entender por falla infantil? Y…¿qué se debe entender?
Cierto es que no existen definiciones, reglamentos ni bases que rijan la construcción de estas obras, que además las contratan ‘los mayores’. Así que se nos ocurre acudir al ‘Diccionario de Uso del Español’, de María Moliner, donde podemos leer:
INFANTIL.- De niño, como un niño o como de niño.
NIÑO-A.- Persona no adulta.

Miremos a nuestro alrededor. ¿Qué ocupa a los niños del siglo XXI -en el que ya vivimos, que ya no es ciencia ficción-?: teléfonos móviles, consolas, los Lunnis, Winnie The Pooh, internet, el fútbol, OT…..¿En qué proporción aparece todo esto en fallas ‘para niños’? Y viceversa: alguien ha visto a dos chiquillos/as conversando sobre ninfas de alas transparentes, duendes con casaca dorada y cuidadas barbas, tristes arlequines, melancólicos payasos o pizpiretas sirenas?
No caeremos en el ataque manido a la puntilla, el dorado o la lentejuela; bendita la variedad de estilos. Lo triste es que una falla llamada infantil olvide a su teórico público para buscar la complacencia del adulto, al contemplar sólo su estética, huérfana de cualquier trasfondo argumental.
Complicado dirigirse al público infantil, siendo adultos artista y comisión, y siendo aquel un público cuyo amplio abanico de edades (del bebé al adolescente) hace que varíen sustancialmente los temas de interés. Pero este reto es el que nos apasiona asumir a quienes amamos la falla infantil. Si no, haríamos grandes.



